Matilde Landa

Patio de la prisión de Palma de Mallorca, es la tibia mañana otoñal del 26 de septiembre de 1942, el obispo José Miralles Sbert se propone bautizar a Matilde Landa, atea, comunista, defensora de la República y feminista. Militante del batallón femenino del V Regimiento, destacada dirigente de Socorro Rojo Internacional y condenada a muerte en un consejo de guerra «por adhesión a la rebelión».

Matilde Landa está considerada uno de los símbolos más significativos del movimiento de las mujeres contra la dictadura franquista. Matilde Landa nació en Badajoz el 24 de junio de 1904, en una familia acomodada y culta muy vinculada a la Institución Libre de Enseñanza. 

Primeros estudios en Badajoz, Escuela Profesional de Comercio donde tenía fama la enseñanza de las Matemáticas, asignatura de su predilección en A Coruña, de vuelta a Badajoz aprobó el bachillerato  como alumna libre en el Instituto de la ciudad y cuando en 1923 fallecido su padre,  Matilde se trasladó a Madrid, acompañada de su madre, con el fin de emprender estudios universitarios y consiguió concluir Ciencias Naturales. 

El paso por la universidad consolidó su compromiso con las ideas progresistas y republicanas. En 1930 se casó con Francisco López Ganivet,  sobrino del escritor Ángel Ganivet  y a partir del año 1935 ofrecen su domicilio para celebrar reuniones a las que acuden máximos dirigentes del Partido Comunista de España al que se afilia un año más tarde.

En febrero de 1939 cae Cataluña y aunque Madrid resiste, a la República le quedan semanas de vida. La mayor parte de los dirigentes del Frente Popular se van al exilio. A pesar de que su marido decide marcharse de España, ella pide quedarse y el 4 de abril es detenida y trasladada a la Dirección General de Seguridad, donde permanecerá seis meses en una celda de castigo sin ver la luz. 

Nacida  en una familia librepensadora, Matilde no había sido  bautizada. Conmutada su pena de muerte por 30 años de prisión, fue trasladada a la prisión de Can Sales en Mallorca.  Destacó y fue referente de las presas, creando la «galería de penadas» para ayudar a las compañeras en sus últimos momentos. 

En la prisión Can Sales cuando faltan pocos minutos para la ceremonia bautismal, Matilde asume el último acto de su vida, y antes de que se produzca lo que ella consideró una imposición en contra de sus creencias, deja una carta para su hija y se arrojó al vacío desde la barandilla de su galería. Estuvo agonizando durante una hora y le administraron el bautizo in «artículo mortis». Las autoridades de la prisión difundieron que había caído al vacío por sufrir un ataque epiléptico.

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